Encuentro educativo por el Día Mundial de los Humedales

Se realizará una actividad formativa, abierta y gratuita organizada por la subsecretaría de Cambio Climático y Áreas Naturales Protegidas.

En el Día Mundial de los Humedales, el Gobierno de la Provincia propone un encuentro abierto para aprender en el lugar, fortalecer la educación ambiental y reafirmar que la conservación se construye con presencia, información y compromiso colectivo. El lunes 2 de febrero, a las 11, se realizará una actividad educativa que tendrá una duración estimada de 2 horas e incluye un recorrido guiado.

El punto de encuentro para la actividad será el Centro Operativo Parque Provincial “El Tromen” con acceso por ruta provincial N°37 a 36 kilómetros de la ciudad de Chos Malal (Ubicación → https://maps.app.goo.gl/8ZWeXWJfT7ZQXwP47).

El nivel de dificultad es bajo, apto para público general, con paradas interpretativas y tiempos de descanso; se recomienda asistir con calzado cómodo, agua y protección solar según condiciones meteorológicas.

Qué es un humedal (y por qué no es “un pantano”)

En una provincia como Neuquén, donde el calor, las sequías y el estrés hídrico ganan centralidad, cuidar los humedales es una decisión concreta para proteger bienes comunes y fortalecer el desarrollo territorial.

Un humedal es un ambiente donde el agua -aunque no siempre se vea en la superficie- regula el funcionamiento del ecosistema. Puede ser agua permanente o estacional, de origen fluvial, lacustre, subterráneo, pluvial o costero, y lo distintivo es que condiciona el suelo (saturado o con alta humedad), la vegetación (adaptada al anegamiento) y la vida que sostiene.

En otras palabras, un humedal no es un lugar con agua, sino un territorio donde el agua marca el ritmo del paisaje y sus ciclos.

Por eso entran en esta categoría ambientes muy distintos: lagunas, bañados, mallines y vegas, riberas que se inundan, deltas, estuarios e incluso sectores que se humedecen solo parte del año. Muchos humedales son discretos: se expanden en épocas húmedas y se retraen en sequías, pero siguen cumpliendo funciones clave. Su valor no depende de que estén siempre llenos, sino de que mantengan su dinámica natural de inundación y drenaje.

Esa dinámica los vuelve fundamentales: actúan como esponjas que almacenan y liberan agua lentamente, y como filtros vivos que mejoran su calidad. Por eso proteger humedales es, en gran medida, proteger la infraestructura natural que sostiene agua, biodiversidad y resiliencia climática.

El vínculo directo con el clima: carbono, agua y extremos

Los humedales son aliados climáticos por dos razones complementarias: la mitigación, almacenan carbono en sus suelos. Una síntesis reciente del marco Ramsar subraya que, aunque cubren solo 5–6 por ciento de la superficie terrestre, almacenan alrededor de 30 por ciento del carbono del suelo a escala global. Y la adaptación, ya que funcionan como esponjas que amortiguan extremos: ayudan a laminar crecidas, recargar acuíferos, sostener caudales en sequías y mejorar calidad de agua mediante procesos naturales de filtrado.

A la vez, la ciencia es clara en algo importante: algunos humedales (en especial ciertos humedales de agua dulce) pueden ser fuentes naturales de metano si se degradan o se manejan mal; por eso la clave es conservar y restaurar con criterio ecológico.

Neuquén: humedales en un territorio de contrastes

La provincia combina cordillera, estepa y valles fluviales. En ese mosaico, los humedales son puntos críticos de biodiversidad y provisión de agua. Esto se vuelve más relevante cuando la evidencia regional y local describe tendencias hacia más temperatura, menos nieve acumulada y tensiones hídricas que impactan ríos y actividades productivas.

Tres humedales (y sistemas) emblemáticos para entender Neuquén

El Sitio Ramsar y Parque Nacional Laguna Blanca (zona Zapala) es uno de los humedales neuquinos con reconocimiento internacional: Sitio Ramsar desde 1992, con 11.250 hectáreas. Además, su condición de Parque Nacional refuerza su resguardo institucional.

También, el Sitio Ramsar Parque Provincial El Tromen (norte neuquino) es un segundo caso de escala internacional: Sitio Ramsar desde 2006, con 30.000 hectáreas que incluyen la Laguna Tromen y el Bañado Los Barros, destacados por su valor para aves acuáticas y biodiversidad altoandina. Su protección se integra a la figura de parque provincial.

El tercero es en el Área Natural Protegida Lagunas del Epulauquen (Epu Lauquen) en el noroeste provincial. Este ANP reúne 7.450 hectáreas con un mosaico de lagunas y ambientes de transición entre estepa y bosques patagónicos. La provincia lo reconoce como área protegida y el SIB lo registra como reserva provincial, lo que ordena su gestión y conservación.

Los “humedales silenciosos”: mallines y vegas

Además de los grandes nombres, Neuquén está atravesado por humedales menos visibles pero estratégicos como los mallines patagónicos, que sostienen agua y productividad en territorios áridos o semiáridos. Se los considera clave para el manejo sostenible del agua y el forraje, especialmente bajo escenarios de cambio climático.

Humedales urbanos y ribereños en la Confluencia

En Neuquén capital y su área metropolitana, los humedales ribereños vinculados al río Limay cumplen funciones ambientales (hábitat, regulación hídrica, amortiguación de crecidas) y también sociales (recreación, paisaje). A la vez, están bajo presión por usos del suelo y urbanización, lo que vuelve central el ordenamiento territorial para no perder servicios ecosistémicos difíciles de reemplazar.

Cómo se protegen: de Ramsar a la gestión cotidiana

En Argentina, la política pública sobre humedales se apoya en la Convención Ramsar (ratificada por ley) y en programas nacionales de conservación y uso sustentable. En Neuquén, esto se expresa de forma concreta cuando el humedal tiene figuras de conservación: Parques Nacionales, Parques Provinciales o Áreas Naturales Protegidas, con presencia de guardaparques, planes de manejo y reglas de uso.

La diferencia de fondo es simple: sin gestión, un humedal puede degradarse por rellenos, contaminación, alteración de la dinámica del agua o cambios de uso del suelo; con gestión, se puede compatibilizar disfrute, producción y conservación, priorizando el “funcionamiento” ecológico del sistema.

¿Qué puede hacer la ciudadanía?

La población puede evitar arrojar residuos, escombros o efluentes en canales, lagunas y riberas: el humedal filtra, pero no es infinito.; respetar senderos y áreas sensibles (nidificación, vegetación ribereña).

En zonas urbanas, apoyar criterios de ordenamiento que no rellenen o fragmenten ambientes inundables: cuando se pierde un humedal, suele aumentar el costo de gestionar crecidas y calidad de agua.

También, la ciudadanía puede participar en actividades de observación de aves y educación ambiental: Neuquén tiene sitios reconocidos por su riqueza aviar, varios asociados a ANP.

La jornada en el Parque Provincial Tromen es una invitación a mirar el territorio con otros ojos: entender que los humedales no son paisaje, sino infraestructura natural que sostiene agua, vida y equilibrio climático. Participar es también asumir una responsabilidad compartida: conocer para cuidar, y cuidar para garantizar bienestar hoy y en el futuro.